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Había una vez un joven escritor que, abrumado por el peso de sus propias tristezas, decidió que su historia debía terminar. Tomó su pluma y, con mano temblorosa, se dispuso a trazar un punto final. Creía que ya no quedaba más palabras, que el papel de su vida estaba lleno de borrones y que el silencio absoluto sería su único consuelo.
Justo antes de tocar el papel, un anciano orfebre apareció a su lado y le entregó un anillo de plata con una forma peculiar: un punto y coma.
«Este anillo», dijo el orfebre, «es para aquellos autores que creen haber llegado al final, pero que aún tienen tinta en el tintero. El punto final detiene la historia para siempre; el punto y coma, en cambio, es una promesa. Es una pausa para tomar aire, un descanso necesario antes de comenzar el capítulo más brillante». El joven se puso el anillo y comprendió que sus dificultades no eran el desenlace, sino solo un cambio de ritmo. En lugar de un punto final, trazó un punto y coma y continuó escribiendo. Descubrió que, tras la pausa, su historia se lleno de nuevos personajes, paisajes que nunca imaginó y una fuerza que solo nace de haber estado a punto de rendirse.
Tu vida es tu propia obra maestra. Cuando sientas que el mundo te empuja a poner un punto final, recuerda que siempre tienes el poder de convertirlo en un punto y coma y seguir adelante. Tu historia aún no ha terminado.
PLATA 925.
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